Nuestra Señora de la Candelaria

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El nombre Candelaria hace alusión a los cirios o candelas que se bendicen, se encienden y son portados el 2 de Febrero por el clero y los fieles, recordando la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén después de su nacimiento y la purificación de María.

Existe también la tradición de una aparición de la Virgen de la Candelaria en Cartagena de Indias (Colombia). Cuenta que, a comienzos del año 1607, el sacerdote español Alfonso García Paredes recorría las calles del sector amurallado en busca de una imagen similar a la Virgen de la Candelaria, para ubicarla en el templo construido por la Orden Agustina, en el Cerro de La Popa donde tenían su convento.

No había recorrido mucho cuando en las Calle de las Damas, una señora asomada desde lo alto de un balcón, le preguntó: “¿Qué busca padre?”, “estoy buscando una imagen de la Virgen de la Candelaria”, le respondió el sacerdote, “venga en tres días y la tendrá, si no estoy, empuje la puerta”, le dijo la mujer y desapareció.

En efecto el padre agustino volvió y llamó, pero nadie contestó; empujó la puerta y ésta se abrió, encontró la casa completamente vacía y sola en un rincón, como iluminada por el cielo, estaba la imagen hermosa e imponente de la Virgen de la Candelaria, que luego fue llevada hasta el convento en el Cerro de la Popa, donde cada año miles de cartageneros desfilan de día y de noche para venerar la patrona de esta ciudad.

Es costumbre, desde que lo ordenó el Papa Sergio I en el siglo VII, que en esta fiesta se bendigan las candelas de los presentes fuera de la de la iglesia. Luego, el sacerdote y los fieles se dirigen en procesión hasta el altar para la Santa Misa. Las velas representan la Luz de Cristo que, como lo dijo Simeón, es “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de Israel”.

Sabemos también que las velas son un sacramental utilizado en la liturgia y en la religiosidad popular, un signo de la luz que disipa las tinieblas, de Dios el dador de la vida y luz del mundo. Nuestro señor Jesucristo dijo: “ Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas” (Juan 12-46). Las tinieblas detestan a la luz (Jn. III, 19-21), por eso, en medio de las dificultades de este mundo en que vivimos, con sus tentaciones, seducciones y problemas relativos a la fe, nuestro camino será siempre esta luz. La Virgen de la Candelaria nos trajo esa Luz, su Divino Hijo.

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